martes, 11 de octubre de 2011






123 probando... 123 probando...




domingo, 15 de noviembre de 2009

La Muerte Del Ídolo

El Ídolo se muere el 3 de Diciembre del 2009 en el lunario del auditorio!!!
Ananowsky pone fin a la primera parte de su trilogía. Es el último llamado para la Estrella Inmortal, seguro la cantaré y me acordaré. Por si fuera poco le abren las "Butcherettes" demasiada coincidencia.

“El Ídolo”

Cuando me van a consagrar
Quisiera ser un ídolo
Que, como una enfermedad,
Repitan mis palabras…

Horror! A mí nadie me ve,
Y bien que yo me esfuerzo,
De traer un poco de fe
A este mundo muerto…

Cierto no estoy feliz
Y mi cielo se ve tan gris
Oh, qué importa
Si nunca yo me iluminé…

Mírenme, pronto se enloquecerán
Con mi baile sensual
Óiganme, mi voz les encantará,
Los hipnotizará…

Y bien, si los impresioné
Por mi gran elocuencia
Es, sólo porque logré
Una gran inocencia.

Si no se atreven a bailar
Porque soy un Adonis,
Qué pena, se pierden de probar
Mis movimientos sexys.

Cierto, no estoy feliz
Y mi cielo se ve tan gris
Oh, qué importa
Al fin los voy a seducir…

Mírenme, pronto se enloquecerán
Con mi baile sensual
Óiganme, mi voz les encantará,
Los Desnudará…

martes, 10 de noviembre de 2009

El Clavo De Mulla

Mulla Nasrudin, tras haber sufrido los reveses de la fortuna, se ve en la obligación de vender la casa que heredara de su padre. Aprovechándose de la situación, un hombre sin escrúpulos le propone un precio irrisorio. Nasrudin se da perfecta cuenta de que se las tiene que ver con un ladrón, pero acepta poniendo una pequeña condición:
-¿Cuál?
-¡Como puede usted ver, en esta pared hay un clavo! ...
Este clavo fue mi padre quien lo puso y es el único recuerdo que me queda de él. Le vendo esta casa, pero deseo seguir siendo propietario del clavo. ¡Si está conforme con esta condición, acepto su oferta! ... ¡Tendré, evidentemente, derecho a colgar de él todo lo que me plazca!
El comprador se tranquiliza pensando que un clavo en una casa no es gran cosa. Le pregunta a Mulla:
-¿Vendrá usted a menudo?
-No, no, a menudo no ...
No viendo ningún problema, el comprador acepta la cláusula. Firman un contrato de venta ante notario en el que especifica que Nasrudin es el propietario del clavo y que puede hacer lo que quiera con él. El nuevo propietario toma posesión del lugar y se instala en él con toda su familia hasta que un buen día se presenta Nasrudin.
-¿Puedo ver mi clavo?
-¡Por supuesto! ¡Pase! -responde cordialmente el propietario.
Mulla entra y se recoge profundamente delante del clavo y luego vuelve a irse.
Algunos días más tarde, regresa con un pequeño cuadro en el que hay la foto de su padre.
-¿Puedo ver mi clavo?
El propietario le deja entrar y Nasrudin cuelga el cuadro (clausula obliga).
La vez siguiente, llega con un manto y una túnica.
-Éstas son ropas que pertenecieron a mi padre. ¡Quisiera colgarlas de mi clavo! -le dice al propietario, ligeramente irritado.
Pero, un buen día, Mulla se presenta ante la puerta arrastrando detrás de sí el cadáver de una vaca. El comprador, estupefacto, le pregunta:
-Pero ¿qué viene a hacer aquí con este cadáver?
-¡Está claro, vengo a colgarlo de mi clavo! ...
Cosa que hace al instante, sordo a las súplicas del comprador estupefacto. La policía, llamada al lugar del litigio, le da la razón a Nasrudin a la vista del contrato. El cadáver empieza a pudrirse para gran desesperación del impotente propietario. Al cabo de un cierto tiempo, Nasrudin vuelve con un nuevo cadáver que cuelga del mismo clavo. La pestilencia es tal que el propietario se ve obligado a huir del lugar. Y así fue cómo Nasrudin recuperó su casa.
De esta historia, se pueden sacar dos tipos de interpretación: una positiva y la otra negativa.

Comencemos por la positiva.
Tomemos la casa como un símbolo del ego. El clavo, en este tipo de figura, podría ser el punto de partida para iniciar una labor espiritual. A partir de este punto, puedo por medio de un estudio progresivo, convertirme en dueño de mi propia casa.

Ahora, veamos la otra interpretación posible. Esta historia nos da un aviso. Nos aconseja que permanezcamos vigilantes a fin de evitar que nadie venga a poner un clavo en nuestro mundo personal. Aceptar un clavo, por más pequeño que sea, es correr el riesgo de perderlo todo.

La más pequeña concesión es un clavo en la propia casa. Es en esto en lo que el intelecto puede ayudamos. Su papel no es otro que el de velar con atención constante para que nadie venga a nuestro universo a poner clavos que no nos corresponden.
Cada experiencia, cada cosa que aceptamos y que no nos corresponde equivale a dejar entrar el cadáver de la vaca en nuestra propia casa.
Si, imperceptiblemente, se calienta el agua en la que se encuentra una rana, ésta no siente en absoluto el aumento del calor, que se hace de forma gradual, y termina por cocerse sin haber hecho el menor gesto por escapar a su muerte.
Del mismo modo las cosas se descomponen paulatinamente. Por eso es por lo que hay que alejarlas de nosotros antes de que se instalen. Impedir enseguida que se ponga el clavo.

En estos días encontré un clavo, el cual intento no entre en mi vida. Se vuelve conflictivo cuando lo que para ti es un clavo para alguien mas es “amistad” y entonces te ponen un cuadro sobre el clavo para no verlo más.

lunes, 5 de octubre de 2009

I Have Learned So Much

I have learned so much from God
That I can no longer call myself
a Christian, a Hindu, a Muslim, a Buddhist, a Jew.

The Truth has shared so much of itself with me
that I can no longer call myself
a man, a woman, an angel
or even pure soul.

Love has befriended me so completely
It has turned to ash and freed me
of every concept and image
my mind has ever known.

-Hafiz, translated by Daniel Ladinsky
*The Gift: Poems by Hafiz the Great Sufi Master

lunes, 28 de septiembre de 2009

Esta suma debería ser igual a cero

Otra vez aquí, esperando. Camino de la computadora a la tienda y me revuelco en el sillón en el que leo. Acaricio a los perros y los saco a pasear si me miran a los ojos. La sandía en el vaso de agua fresca me sonríe y dejo que me seduzca. En el departamento de arriba tienen fiesta desde que inició la epidemia de influenza. Me fumo un cigarro.

Ya le di dos vueltas a los periódicos. Ya vi que en la tele anunciaron tres refritos, cuatro churros y el noticiero, que es como todo lo anterior pero más decepcionante. El libro que abrí es el mismo de ayer, páginas antes. Apagué el celular pero no pude resistir: volví a encenderlo.

No creo que llamen, que me lancen piedritas en el vidrio o que me visiten sin avisar. Pero lo espero. La lata de Coca de dieta que me tomé ayer me observa desde hace rato dar vueltas en la silla, y sin hacer un gesto se lamenta más que yo por esta penumbra. Escribo una palabra y me pongo alegre porque tengo con quien platicar. Las palabras tienen forma de mujer, no importa si empiezan con te, con eme, con zeta o con erre. Imprimo esa palabra al centro de una página en blanco para escuchar un ruido diferente al mío, que mis dos cachorros saben cuándo estar callados. Me alegro también porque un cerillo nuevo se enciende con la punta roja de mi cigarro. Deposito cerillos en el cenicero como sin darme cuenta para que suceda. Y sucede. Y lo aprecio.

El amor tendría que sumar menos de dos. El amor debería ser cualquier cosa, menos la espera. El amor es todo lo que hace daño.

Escojo fruta y se pudre mientras pienso en ti. Tengo en el refri sólo pan, salchichas y mostaza porque pienso en ti. Voy a mi oficina porque pienso en ti y si ya no quiero estar allí, también. Porque te pienso me despierto en la mañana y me visto; me arreglo la barba y respiro; tomo un taxi o mi auto y observo por la ventana porque estarás allí si estos lentes de fondo de botella no me fallan. Esperas el metro; eres la chica que toma el teléfono público y la que me hará sonar el celular. Llegas en cada correo electrónico, eres el único spam que aprecio y la primera foto que se carga en internet.

Vuelvo a casa porque pienso en ti. Pido una pizza y quiebro unas nueces porque pienso en ti. Pongo palomitas en el microondas porque tu nombre suena en la matraca de maíces reventando. Cierro la puerta despacio para no despertarte porque habrás llegado cuando no estoy. Pero no. No llegaste. Miento: tampoco lo espero.

Entonces pienso en ti y agarro fuerzas otra vez para volver al sillón en el que leo, a la computadora, a la tienda, a la tele que es boba, al mismo libro de ayer, a los periódicos, a mi vida que es una rutina porque le da método a la espera.

La suma del amor debería ser igual a cero, pero no lo es.

No me llames. No vengas. No pienses, como lo hago yo. No vivas, no respires, no me invoques. No sientas, no sufras, no rías. Quédate quieta: deja que se nos haga tarde este día (como ayer y antier y los días previos). Deja que pase una semana, dos. Y luego los meses. Que se vayan los años.

La suma de los recuerdos debería ser igual al olvido. Pero no.

Texto de: Alejandro Páez Varela.

jueves, 26 de junio de 2008

// Contratiemposs

“Contratiemposs” hace referencia a la parte musical, a los entrenamientos sin descanso y a todo lo tenga de pasar.

El propósito de este blog es "compartir", no solo de mi parte sino también de las personas que lleguen a hurgar en estas entradas. Siempre será bienvenido un comentario, una pista, un link, lo que sea para ampliar el panorama.